Tengo la mirada perdida
y mi espalda está doblada.
Tengo abierta todas las
heridas,
y mi cruz es muy pesada.-
Trato de sujetarme a la
vida,
pero caigo en una fosa
cavada,
trato de gritar mi agonía,
pero de mi boca no sale
nada.-
Los golpes que recibo
dejan marcas en mi carne.
Terrible habrá sido el
motivo
que tan grandes castigos
deben darme.-
Ya no puedo ver nada,
mis ojos se nublan con el
llanto.
De sangre dejé la calle
marcada,
y tiño mi rostro en un
lienzo blanco.-
El camino se hace largo,
y cada latigazo es certero.
Solo siento un gusto
amargo,
y con desesperación mi fin
espero.-
Creyendo que, justamente,
manejaba la razón,
el destino, una mejilla me
besa.
Me pone tres cavos en el
corazón,
y una corona de espinas en
la cabeza.-
Desde mi cruz veo caer la
tarde,
las tinieblas cubren a un
sol dorado,
y un susurro en mi garganta
arde…
Madre… ¿por qué me has
abandonado?
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