El viejo violinista, en un
estuche, guardó su instrumento.
Sus temblorosas manos ya no
le arrancaban armoniosas melodías.
Y eran solo hermosos
recuerdos aquellos momentos,
en que, con su música, sus
sentimientos transmitía.-
Así como el maestro
recuerda cuando fue un gran hombre,
así como su violín se
encuentra celosamente guardado,
así recordaré, durante
todos los tiempos, tú nombre,
y así tú amor, en mi
corazón, llevaré acunado.-
Y cuando el genio deje de
existir, su alma no se irá,
quedará dormida enredada
entre el arco y las cuerdas.
Lo mismo sucederá conmigo,
pues solo mi cuerpo morirá,
y mi alma estará a tú
lado, si es que aun me recuerdas.-