Infinito desierto de telas con empinadas ondulaciones y pliegues,
Donde mueren los sueños y la soledad se transforma en castigo,
En donde no existe oasis, manantiales o Dios a quien le ruegues.
Y de ese tormento, el sordo y frágil silencio, es el único testigo.
Fantasmales sábanas que no solo cubren a este hombre del frío,
Que lo enredan cuando sueña despierto y cuando sufre dormido,
A veces lo hace sentir un árbol que se seca estando lejos del río,
Y otras, un gorrión que el viento furioso lo ha arrojado del nido.
Es difícil de describírselo a alguien que aún no lo ha padecido,
Hasta es difícil contárselo a quien llamamos, un buen amigo,
No existe temor semejante, ni tampoco existe dolor parecido.
Y lo hubiese podido describir si no hubieras dormido conmigo.
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