Yugo que me asfixia y me hace soportar su peso,
Y no hay otra alternativa más que el de serle fiel.
Ya no seré redimido por más que gaste mis rezos,
De las cadenas invisibles que me atan a tú piel.
Son latigazos mortales que entre mi carne se abren paso,
Transformando a este hombre en solo simple despojos.
Queda el alma desnuda al quitarme la piel de a pedazos,
Obra está de las pestañas que adornan a tus ojos.
Y si pierdo la voluntad habrás creado una marioneta,
Obligándome a que cada movimiento los realice a tus antojos,
Enredado en hilos de seda que todo mi cuerpo sujeta,
Y que en realidad son cada uno de esos cabellos rojos.
Pero, aunque parezca ser yo el esclavizado,
Y de tener más de una vida condenada,
Como venganza, tengo un sueño dorado,
Y es tenerte en mi mente aprisionada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario