Siendo soldado puedo demostrar mi amor en el campo de batalla.
Pero al notar que envidio al suave viento que su cabello peina,
Me he dado cuenta de que es mayor el amor que mi corazón calla,
Y seguirá callado ya que no debo amar de esta manera a mi reina.
Custodio la imponente torre que se yergue en el flanco derecho,
A las órdenes de un caballero montado en un esbelto corcel.
El emblema de mi señor lo tengo grabado en el pecho,
Y los ojos de mi señora se me han clavado en la piel.
Cuando la sombra de la guerra impera en esta comarca,
El enemigo en formación blande un color diferente,
Un fuego nace en mi corazón y todo mi cuerpo abarca,
Pero ella sigue siendo la dueña de toda mi mente.
Venero cada centímetro que hacia ella puedo acortar.
Si supiera que para mí brilla mucho más que una estrella.
Si supiera que yo no solo estoy dispuesto a matar,
Si no que también estoy dispuesto a dar la vida por ella.
En mi interior se libra la batalla más grande,
En donde el honor evita que el sentimiento crezca,
Y me carcome el dolor que por mi alma se expande,
Cuando la melodía de su voz evita que mi amor perezca.
Cuando mi armadura no contenga lo que escondo,
Deseo que después de la guerra me cuenten como una baja.
Si no puedo ahogar el sentimiento en lo más hondo,
Tal vez muera conmigo en el fondo de una caja.
“No conozco juglar que cuente historias como esta,
De un amor tan fuerte que al mundo pone al revés.
Que por parecer pequeño tal vez valor se le resta,
Porque cabe solamente en un tablero de ajedrez”.
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