Sin usar las riendas, mi caballo sabe que aún no quiero llegar,
Seguramente él también soporta el peso extra que yo siento,
Y mientras que a los soldados mi dolor les puedo negar,
No puedo engañarlo a él que sabe debe marchar más lento.
Se abrazan y brindan los viejos guerreros llenos de cicatrices.
Junto a ellos están orgullosos, quienes por vez primera sangraron.
Esta vez serán todos hermanos compartiendo las mismas raíces,
Y recordarán a todos aquellos que dejamos en el campo sagrado.
Luego de muchos años de lucha, cansados, regresamos al hogar.
La guerra ha terminado y el enemigo fue totalmente vencido.
Y aunque los dioses, por este momento, me han escuchado rogar,
Sin lugar a dudas, mantenerme con vida mi gran castigo ha sido.
Maldito sea el enemigo que osó ofender el honor de mi rey.
Maldito sea mi amado rey que me ordenó salir a combatirlo.
Maldito también sea mi Dios omnipotente y su divina ley,
Malditos sean todos y yo también, por qué no decirlo.
Prometí defender el reino cuando yo solo era un soldado.
Tiempo después mi esposa murió cuando a nuestro hijo daba a luz,
De niño a hombre ese muchacho solo alegrías me ha dado,
Y la ausencia de su madre la he llevado como una pesada cruz.
Hacer de él un hombre de bien fue, tal vez, mi lucha más dura.
Que supiera de armas, pero que eligiera trabajar la tierra.
Pero heredó el carácter de su madre y contra ello no hay cura,
Y eligió ser caballero y defender el reino en la guerra.
-Mi señor, hoy brilla más la corona que sobre tú cabeza reposa,
Pero mi corazón a muerto debido a que tanto sufría.
Debo cavar otra tumba junto a la de mi esposa.
Y lamentablemente esa no será la tumba mía.