¿Hay algo más triste que el silencio cuando los oídos piden a gritos una respuesta?, le preguntó un solitario hombre a su sombra una noche mientras permanecía sentado en un rincón del cuarto, alumbrado por la luz que entraba por su ventana.-
Como era de esperar, esta no respondió y solo se limitó a imitar sus movimientos.-
Enojado de continuar sin una respuesta, el mismo hombre preguntó ¿hay algo más triste que una sombra sorda?, elevando la voz y con un tono más firme.-
En ese instante su sombra se puso de pie y, ante su asombro, esta tomó una porción de oscuridad y le dio forma de mujer.-
Acto seguido, la sombra abrazó a la silueta que permaneció inmóvil, haciéndole recordar a ese hombre, aquella mañana en donde él sintió la necesidad de abrazar al amor de su vida que acababa de despertar, y ella no devolvió el abrazo.-
La silueta, con sumo cuidado, luego de permanecer unos breves segundos inmóvil, se apartó dejando su vacío. Y con ello recordó cómo ella se iba alejando paulatinamente, desvaneciéndose al igual que la figura oscura que su sombra abrazaba.-
Su sombra se acercó a él y volvió a imitar su postura.-
Entonces comprendió que más tristes que el silencio es una sombra sola.-